Las cascadas y cañones más impresionantes de Islandia

Las cascadas y cañones más impresionantes de Islandia

Día 2: Las cascadas y cañones más impresionantes de Islandia

Nos despertamos bastante temprano, ya que a las ocho en punto queremos salir del hotel para llegar cuanto antes a la cascada Seljalandsfoss. Es una de las más singulares de Islandia y, por este motivo, visitarla a media mañana puede hacer que te encuentres con una gran cantidad de gente. En cambio, los madrugadores tienen la oportunidad de hacer esta visita sólo. ¡Todo un privilegio! El gran aliciente de este salto de agua de 60 metros es la posibilidad de poder pasar por detrás y tener una perspectiva totalmente diferente. ¡Son unas vistas sorprendentes! Pero hay que tener cuidado y llevar un calzado adecuado, ya que el suelo está mojado y resbala bastante. Durante nuestra visita nos llueve un poco, sin embargo, después de haber dado la típica vuelta por la cascada, decidimos pasear un rato por el entorno. Es una zona muy verde, que contrasta con el entorno volcánico de los géiseres que visitamos ayer. Además, hay otros saltos de agua que, a pesar de no ser tan impresionantes como el primero, también valen la pena.

Seljalandsfoss

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Después nos dirigimos hacia la enorme cascada Skógafoss. Es una de las más grandes del país con una anchura de 25 metros y una altura de 60 metros. Desde abajo es donde se tienen las mejores vistas. ¡Es maravillosa! Durante la visita, es muy recomendable subir las escaleras que hay a la derecha del salto de agua. Durante la subida tenemos una visión diferente del salto de agua. Aunque la gran recompensa de subir son las magníficas vistas del río Skog y su entorno. De hecho, el camino que hay junto al río es el tramo final del trekking más popular de Islandia: la ruta de Laugavegur. Esta larga caminata tiene una duración de unos seis días si se hace completamente, aunque mucha gente opta por hacer sólo una parte. Caminar por un entorno natural precioso, como las fascinantes montañas de colores del valle Landmannalaugar, tiene que ser impresionante. Lo apuntaremos en la lista viajera …

Tras estas dos cascadas tan impresionantes, vamos hacia la playa. La verdad es que ya tenemos ganas de ver el mar, ya que encontrarnos en una isla y no ver la costa se nos hace un poco extraño. Nos desplazamos hasta Dyrhólaey, una playa icónica que suele aparecer en muchas postales de la isla. Paseamos por la playa de arena negra, donde hay grandes columnas de basalto; y, sobre todo, disfrutamos de las vistas panorámicas que hay desde lo alto del acantilado. Desde allí se puede ver una roca inmensa en el centro de la playa negro y a lo lejos las rocas Reynisdrangar. La leyenda cuenta que estas tres rocas eran trolls que se quedaron petrificados cuando los rayos de sol cayeron sobre ellos.

Con un poco de suerte también se puede ver algún frailecillo. Nosotros teníamos muchas ganas de ver estos pájaros tanto graciosos, conocidos como los payasos del ártico, pero acabamos un poco decepcionados. Aunque podemos ver alguno, no hay muchos y están bastante lejos. Igualmente, no nos preocupa mucho porque ya tenemos localizado un lugar donde, si todo va bien, podremos verlos mucho mejor.

Desde Dyrhólaey conducimos veinte minutos para ir hasta Vik, y comemos en la cafetería Halldorskaff. Comemos una sopa del día y la hamburguesa típica del local. Está todo muy bueno y a un precio bastante razonable teniendo en cuenta que Islandia es un país caro. Con el estómago lleno, visitamos la playa de Vík para hacer un paseo. ¡Qué paz se respira caminando solos! Además, podemos ver de nuevo, y de mucho más cerca, los “tres trolles petrificados”.

Con energías renovadas, nos dirigimos hacia el cañón Fjaðrárgljúfurr. A pesar de ser bastante desconocido, se considera una de las formaciones geológicas más bonitas de Islandia, así que no nos lo queremos perder. Además, hemos visto muchas fotos de este cañón y tenemos muchas expectativas con las vistas que nos puede ofrecer. Dejamos el coche y nos ponemos a caminar sin ver el cañón, y sin tener muy claro a dónde vamos. Tenemos ciertos problemas para encontrarlo, pero una vez lo localizamos no nos decepciona nada: las vistas que ofrece son muy sorprendentes. Caminamos, completamente solos, durante una hora por un camino que hay en el lateral del cañón. ¡Qué vistas! No nos sorprenden nada todos los elogios que habíamos leído. El final del camino coincide con el fin del cañón, allí el río Fjaðrá -el escultor de esta obra de arte- gana un poco más de profundidad y hay un puente para poder atravesarlo. También vemos que hay una zona donde aparcar, así que es mucho más recomendable comenzar la visita desde aquí.

Una vez localizamos el coche, que habíamos dejado a un pequeño saliente de la carretera al no encontrar el parking, nos dirigimos hacia la Hvoll Guesthouse. De camino, no podemos evitar pararnos a Kirkjubaejarklaustur, el pueblo más antiguo de Islandia y, seguramente también, el que tiene el nombre más difícil de pronunciar.

(Este post corresponde al segundo día del viaje a Islandia)

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