Las focas de la Península de Snæfellsnes

Las focas de la Península de Snæfellsnes

Día 9: Las focas de la Península de Snæfellsnes

Nos levantamos a Olafsvik conscientes de que el viaje comienza a acabarse, hoy es el penúltimo día, pero tenemos ganas de exprimir al máximo las últimas visitas. Todavía nos queda la mitad de la península Snæfellsnes y, tal y como ayer pudimos comprobar, está llena de lugares interesantes.

Hacemos la primera parada muy pronto, donde se inicia el camino para ver las rocas Lóndrangar, dos rocas de origen volcánico que son unos de los símbolos de la escarpada costa de la península. Durante el trayecto hasta allí notamos que hace mucho viento y al bajar del coche todavía se hace más evidente. ¡Hay momentos en que cuesta mantener el equilibrio! Igualmente, decidimos seguir el camino (de un kilómetro aproximadamente) que nos lleva hasta las famosas rocas, de 75 metros la más alta y 61 el otro. Seguro que alguna leyenda islandesa explica que son troles petrificados…

Tot i el vent, no dubten en apropar-nos a les roques Lóndrangar.

Continuamos avanzando, cada vez más lentos debido al viento, en dirección Arnastapi. Incluso durante el trayecto nos encontramos con un coche que lleva una caravana atravesado en medio de la carretera y que nos hace estar parados un buen rato. Por suerte, hacia media mañana el tiempo se relaja y cuando llegamos al pueblo de Arnastapi, ya se puede caminar con más tranquilidad. Allí, nos dirigimos al Gatklettur Arch Rock, una roca que, debido a la erosión, tiene forma de arco y donde se concentran muchas aves marinas.

Avui al Gatklettur Arch Rock no hi ha cap ocell, segurament tots estan volant aprofitant el vent.

Al mediodía llegamos a uno de los lugares que más ganas teníamos de visitar: la playa Ytrio Tunga, famosa por las colonias de focas. Cuando llegamos descubrimos que desde la playa se tienen muy buenas vistas del glaciar Snaefellsjokull, así que antes de empezar a buscar las focas decidimos comer con estas maravillosas vistas. Después, exploramos la zona derecha de la playa y, cuando llevamos unos diez minutos avanzando entre rocas, vemos la primera foca. Está sólo a unos treinta metros, por lo que podemos verla perfectamente. Además, al poco descubrimos una pequeña playa donde hay casi diez focas bañándose. Sabemos que es difícil que se acerquen mucho a nosotros, pero entramos un poco en el mar, hasta las rodillas, y decidimos esperar. Poco a poco, mientras se nos congelan los pies, van cogiendo confianza y algunas se acercan a menos de diez metros. ¡Fantástico!

Les vistes des de la platja són brutals.

Després de caminar una estona...trobem la primera foca!

Entrem una mica dins l'aigua esperant que les foques se'ns aproprin.

Amb paciència aconseguim que s'apropin força a nosaltres.

Después de descansar un buen rato en la playa, ponemos rumbo hacia Deildartunguhver, que ya no forma parte de la península Snæfellsnes. Durante el trayecto hacemos dos paradas: primero nos desviamos hasta Gerduberg, una pared enorme de columnas de basalto; y después vamos al cráter Eldborg. A media tarde, llegamos a Deildartunguhver, el río de aguas termales con más caudal de Europa. Hacemos un recorrido por las diferentes fumarolas, donde el agua está a 97 ° C, y quedamos impregnados del olor de azufre tan característica de estos sitios.

Gerduberg

Eldborg.

Deildartunguhver

A media tarde vamos a ver las cascadas Hraunfossar y Barnafoss. La primera, ya se ve desde el aparcamiento y nosotros es la que más nos gusta. No es una cascada demasiado alta, ni lleva mucha agua. Es famosa porque es una cascada de aguas subterráneas, de manera que el agua sale entre las rocas, sin que se vea ningún río. Desde allí, caminando un poco, llegamos a la Barnafoss, donde el agua baja con mucha potencia. Esta cascada también se conoce como la Cascada de los Niños porque una leyenda cuenta que dos niños que vivían en una granja cercana, al intentar atravesar el río por un puente natural, cayeron en la cascada y murieron ahogados. Entonces, su madre hizo un hechizo en el puente para que todos los que lo intentaran pasar también cayeran al río. Actualmente, el puente natural ya no está: quedó destruido por un terremoto.

cascada Hraunfossar

cascada Barnafoss.

Después ya nos dirigimos a la Kria Guesthouse, a Borgarnes. Una vez llegamos, vemos que en el patio, con vistas al mar, hay un jacuzzi para los huéspedes. Sin pensarlo dos veces nos ponemos el bañador. Un final perfecto para un día magnífico.

(Este post corresponde al noveno día del viaje a Islandia)

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