El Interior de la Bretaña Francesa en Bicicleta

El Interior de la Bretaña Francesa en Bicicleta

Día 13 (tarde), 14, 15 y 16: El Interior de la Bretaña Francesa en Bicicleta

Recorrer el interior de la Bretaña Francesa en bicicleta, ha sido desde el inicio del viaje a Francia en bicicleta uno de los momentos que más he esperado. Porque soy consciente de que atravesando el corazón de las tierras bretonas seguiré un camino de transición hasta llegar a la costa bretona, la parte más escénica del viaje y que me conducirá hasta el icono de mi ruta, el Mont Saint Michel. La Bretaña Francesa me transportará. Estoy convencido. Volveré a sentir la tranquilidad de pedalear por caminos solitarios. Y viajaré en el tiempo en cada uno de los pueblos donde me detenga, mucho de ellos construidos alrededor de castillos que han sobrevivido al paso del tiempo.

Cuando llego a Redon, el pueblo que marca el inicio de esta región, decido aparcar la bici y pasear un rato por el centro. Necesito asimilar que empieza una nueva etapa dentro del viaje…

El interior de la Bretaña Francesa en bicicleta: El centro histórico de Redon

Desde la orilla del Canal de Nantes a Brest, veo como sobresale, entre los tejados de este pequeño pueblo de 10.000 habitantes, la parte superior de la iglesia de Saint-Sauver. Intuyo que este edificio es el más emblemático de la ciudad y que me conducirá hacia el centro. Y no me equivoco. Mientras camino por empedradas calles de la Grande Rue, contemplando casas de madera del siglo XVI, me adentro en la zona más céntrica de Redon. Y no tardo demasiado en llegar a la iglesia de Saint-Sauver, el punto neurálgico del pueblo. Aprovecho para entrar en el claustro benedictino de esta iglesia, y dejo que me inunda la tranquilidad de sus paredes, edificadas en el año 832.

iglesia de redon en el interior de la bretaña francesa en bicicleta

El claustro está lleno de detalles que me entretienen durante un rato, hasta que decido volver al canal de nuevo y recorrer los últimos veinte kilómetros del día hasta Peillac. Allí paso la noche en el Camping Municipal le Pont de Oust, justo al lado del Canal de Nantes a Brest.

calles tranquilas en el interior de la bretaña francesa

El interior de la Bretaña Francesa en bicicleta: Los pueblos con más encanto

Cada día, justo antes de empezar a pedalear reviso la poca información que llevo sobre los pueblos por donde tengo previsto pasar. Hoy, después de leerlo, cierta impaciencia se apodera de mí. Me esperan tres de los pueblos más bellos del interior de la Bretaña Francesa: Malestroit, Jossilin y Pontivy.

canal de nantes a brest en bicicleta por la bretaña francesa

Mientras el sol comienza a dibujar las primeras sombras y reflejos sobre el Canal de Nantes a Brest, supero los veinte kilómetros que separan Peillac del pequeño pueblo de Malestroit. No me canso de esas mañanas, pedaleando completamente solo y disfrutando del ambiente fresco que sólo dura algunas horas.

llegada a malestroit en bicicleta

A Malestroit, un pequeño pueblo de origen medieval, encuentro más actividad de la que me esperaba para un pueblo de poco más de 3000 habitantes. Pero rápidamente descubro el motivo: el mercado del sábado. A una de las calles que salen de la plaza principal del pueblo hay un buen número de paradas, con productos típicos de la gastronomía bretona. Allí se concentra casi todo el mundo.

centro de malestroit en la bretaña francesa rural

calles medievales en el interior de la bretaña francesa en bicicelta

Después de un rato recorriendo las calles adoquinadas de este pequeño pueblo, sigo la ruta hacia Josselin. Dejo atrás algunas renclusas y tramos sombríos donde el árboles delimitan el canal, hasta que me quedo fascinado. Después de una pequeño curva, la visión del castillo de Josselin es una de las postales más bonitas del Canal de Nantes a Brest en bicicleta.

renclusa de malestroit en el canal de nantes a brest en bicicleta

el castillo de josselin desde el canal de nantes a brest

Aunque el castillo de Josselin es el emblema más famoso del pueblo, pasear por sus calles es imprescindible. Todos los rincones del pueblo conservan su espíritu medieval.

castillo medieval de josselin en el interior de la bretaña francesa en bicicleta

Termino la visita dirigiéndome hasta la Basílica de Notre Dame du Roncier, que se empezó a construir en el siglo XIII pero no se finalizó hasta tres siglos más tarde. Después de visitar la iglesia, subo un buen número de peldaños hasta llegar a la torre del campanario. Subir es gratuito y desde arriba se tiene la mejor panorámica de Josselin y su entorno rural. La esencia de la Bretaña Francesa.

mercado en el centro de josselin

vista panoramica del interior de la bretaña francesa

Em podria passar tota la tarda contemplant Josselin des de la riba del canal. Gaudint de la impertorbable tranquil·litat d’aquest poble, però encara haig de recórrer uns 50 kilòmetres fins a Pontivy.

Me podría pasar toda la tarde contemplando Josselin desde la orilla del canal. Disfrutando de la imperturbable tranquilidad de este pueblo, pero todavía tengo que recorrer unos 50 kilómetros hasta Pontivy.

canal de nantes a brest en bicicleta en la zona de josselin

Alejándome de Josselin, vuelvo a la simplicidad del canal. El camino asfaltado, plano y rectilíneo me permite seguir pedaleando completamente evadido. Sin pensar en nada. Distraído con la sencilla belleza del entorno. Inundando por una calma difícil de encontrar.

detalles del interior de la bretaña francesa en bicicleta

Llego a Pontivy a media tarde, y después de plantar la tienda en el Camping Municipal du Douric, todavía tengo tiempo de hacer una visita a este pueblo medieval fundado en el siglo VII.

castillo de pontivy en el interior de la bretaña francesa en bicicleta

Comienzo la visita por el castillo de Rohan, construido en el siglo XV, y sigo caminando hacia el centro de la ciudad. Las estrechas calles de lombardas y las casas medievales me invitan a perderme por el centro del pueblo. Hay poca gente, y eso hace que la visita sea aún más especial. No me cuesta nada imaginarme la vida en estas calles hace varios siglos, cuando la ciudad de Pontivy fue uno de los primeros proyectos urbanos de Napoleón.

calles tranquilas en el centro de pontivy

El interior de la Bretaña Francesa en bicicleta: La Bretaña Francesa más rural

Em llevo convençut que avui serà un dia molt tranquil. M’espera una etapa llarga (poc més de cent kilòmetres) però per l’interior de les terres bretones, on només tinc previst fer petites parades als pobles d’interior que travessaré. Però la calma, em dura pocs minuts. Només llevar-me descobreixo que m’han robat el carregador del mòbil (sí, vaig confiar massa amb la gent i vaig deixar-lo carregant una bateria externa al lavabo del càmping…) i que em queda poc més del 50 % de la poc fiable bateria del meu mòbil. I és diumenge. Així que no puc comprar-ne cap. No és un problema massa greu, però em dóna inseguretat. Bàsicament perquè al mòbil hi tinc els tracks GPS de la ruta. No porto cap mapa. I després de quinze dies de ruta amb bicicleta per França són conscient que en alguns trams les indicacions de les rutes ciclistes són una mica escasses.

 

Me levanto convencido de que hoy será un día muy tranquilo. Me espera una etapa larga (poco más de cien kilómetros) pero por el interior de las tierras bretonas, donde sólo tengo previsto hacer pequeñas paradas en los pueblos de interior que cruzaré. Pero la calma, me dura pocos minutos. Sólo levantarme descubro que me han robado el cargador del móvil (sí, confié demasiado en la gente y lo dejé cargando una batería externa en los baños del camping…) y que me queda poco más del 50% de la poco fiable batería de mi móvil. Y es domingo. Así que no puedo comprar ningún cargador hasta mañana. No es un problema demasiado grave, pero me da inseguridad. Básicamente porque en el móvil tengo los tracks GPS de la ruta. No llevo ningún mapa. Y después de quince días de ruta en bicicleta por Francia soy consciente de que en algunos tramos las indicaciones de las rutas ciclistas son un poco escasas.

recorriendo el interior de la bretaña francesa en bicicleta entre campos de cultivo

No puedo hacer nada más que seguir y posponer la compra del cargador hasta el lunes, que pasaré por Morlaix. Allí, con un poco de suerte, solucionaré el problema.

Inicio el día siguiendo el Canal de Nantes a Brest hasta el pueblo de Mür-de-Bretagne. No es un pueblo con excesivo interés, pero me va de maravilla el punto de información turística. Allí consigo un mapa de la vía verde (que forma parte de las Voies Vertes de Bretagne) que une Mür-de-Bretagne con Carhaix-Plouguer.

En Mür-de-Bretagne me despido definitivamente del Canal de Nantes a Brest, y me adentro por los bosques de la Bretaña Francesa más rural. Entre los árboles que marcan el camino sólo veo campos de cultivo a lo lejos. Pedaleo solo y las señalizaciones que de vez en cuando indican la distancia hasta Carhaix-Plouguer me ayudan a saber que sigo avanzando por donde toca.

Poco antes de llegar a Gourec el camino se complica, y no tengo demasiado claro por dónde ir. Pero poco a poco he ido comprobando que cuando viajas solo y en bicicleta, siempre hay alguien para ayudarte. Me paro para analizar el camino justo cuando llega un ciclista (y mira que hacía rato que no veía a nadie) que se conoce perfectamente la zona. Él también va hacia Gourec, así que me invita a seguirle, mientras comparto con él mis peripecias durante el viaje a Francia en bicicleta.

calles antiguas en el pueblo de gourec en el interior de la bretaña francesa

interior de la bretaña francesa en bicicleta pueblo medieval

En Gourec, otro pequeño pueblo con el encanto que emanan todos los municipios de la Bretaña Francesa, aprovecho para pasear un poco por el centro. Es una localidad muy pequeña, así que pocos minutos más tarde sigo por la vía verde en dirección Carhaix-Plouguer. De nuevo, pedaleo largos ratos sin encontrarme a nadie por el interior de un bosque mágico, donde los rayos de luz dibujan jeroglíficos indescifrables.

carril bici por el interior de la bretaña francesa hacia carhaix-plouguer

Sobre las tres de la tarde llego finalmente a Carhaix-Plouguer. Y aunque inicialmente quería dedicar un rato a dar vueltas por el centro de la ciudad, rápidamente me quito la idea de la cabeza. Cuando llego descubro que hay un festival de música, por lo que las calles están infestados de gente y se hace muy complicado avanzar por allí en bicicleta. Demasiado ruido y multitud por la tranquilidad que me había acompañado durante todo el día…

Vuelvo de nuevo a la vía verde, que sigue siendo infinitamente recta y en muy buen estado. Todo el recorrido hace un poco de pendiente, pero puedo avanzar a buen ritmo. El camino no tiene pérdida, pero no tengo claro si sabré encontrar el camping donde tengo previsto dormir. Por suerte, justo en la desviación para ir hacia el pueblo de Huelgoat, me encuentro con un coche y me dan algunas indicaciones para llegar. Cuando, por fin, planto la tienda en el camping Camping La Rivière de Plata, soy consciente de que ya he superado el tramo más complicado (¡y no me he perdido! :)). Mañana sólo me queda llegar a Moissac siguiendo la vía verde y podré conseguir (espero) un nuevo cargador. Pedalear pudiendo consultar en los momentos de duda el track de la ruta es una gran ventaja…

solitud recorriendo la bretaña francesa en bicicleta

El interior de la Bretaña Francesa en bicicleta: Los últimos kilómetros hasta la costa

Hoy llegaré a la costa bretona. Después de quince días de mucha bicicleta, me cuesta asimilar que por fin llegaré a la parte de la ruta con la que más he soñado. Me enamoran los paisajes, las luces dramáticas y las vistas panorámicas, y sé que la costa de la Bretaña Francesa me ofrecerá todo esto. Además, el hecho de recorrerla en bicicleta lo hará todo aún más especial. Pero antes de llegar a Roscoff, el punto final de la etapa de hoy, todavía me quedan unas cuantas subidas …

La tranquilidad matinal de cada día me acompaña durante los 40 kilómetros que me separan de Morlaix. Llego a la ciudad a media mañana, y desde el inicio la vista se me dirige hacia el viaducto de granito que sobresale entre todos los edificios. Este viaducto, de 58 metros de altura y 292 de longitud fue construido en el siglo XIX para el ferrocarril de Paris a Brest. Actualmente es el gran símbolo de la ciudad.

viaducto morlaix en el interior de la bretaña francesa en bicicleta

Pero antes de dirigirse a ella, me centro con el objetivo de encontrar un cargador para el móvil. La ciudad es pequeña (menos de 15.000 habitantes) pero confío en encontrar algún lugar donde poder comprar alguno. Seguramente mi cara de desorientado me delata, y un hombre que está trabajando en su jardín me pregunta qué estoy buscando. Le cuento mi historia y se ofrece a ayudarme. Llama a las diferentes tiendas que conoce del pueblo, hasta que finalmente encuentra una donde venden cargadores por el móvil. Me da un par de indicaciones sobre cómo llegar, y después de darle infinitas gracias, me despide advirtiéndome que me espera una fuerte subida. ¡Y tiene toda la razón! Morlaix se construyó en un profundo valle, por lo que para ir a las afueras de la ciudad siempre hay que superar subidas infernales…

casas del centro de morlaix

Logro por fin un nuevo cargador para el móvil, que me ayudará a no ir tan desorientado, y por fin me puedo dedicar a conocer Morlaix con tranquilidad. El centro de la ciudad es precioso, con diferentes monumentos históricos, como la Iglesia de Saint Melaine. Poder subir y pasear por el viaducto es una gran manera de finalizar la visita.

viaducto de morlaix en la bretaña francesa

vista panoramica de morlaix en el interior de la bretaña francesa en bicicleta

centro del morlaix

Me despido de Morlaix con la emoción de saber que sólo 30 kilómetros me separan de Roscoff. De nuevo siento la emoción de volver a ver el Océano Atlántico. Y soy consciente de que llegar a Roscoff significa iniciar la etapa con la que más había soñado. Mientras me alejo de Morlaix superando una nueva subida infernal (el preludio de lo que me espera recorriendo la costa bretona), me doy cuenta que recorrer la costa de la Bretaña Francesa en bicicleta es lo que más me animó a hacer este viaje. Pero también soy consciente de que, sólo por los quince días anteriores, el viaje ya ha valido la pena. Viajar en bicicleta es único. Todo el recorrido forma parte del viaje. Puedo saborear todos los rincones por donde paso. Y me sorprendo deteniéndome para contemplar un simple campo de cultivo, los reflejos de un pequeño bosque o el cartel de una boulangerie. Quizás es por el esfuerzo que me supone llegar a cualquier lugar. O la magia de la monotonía. Pero viajar en bicicleta es especial. Muy especial.

iglesia de morlaix en un día de verano

Pedaleo perdido entre mis pensamientos, cuando tras dejar atrás un sugerente campo de alcachofas contemplo de nuevo el Océano Atlántico.

oceano atlantico en la bretaña francesa en bicicleta

 marea baja en la bretaña fracesa

Después de unas cuantas subidas y bajadas, llego a Saint-Pol-de-Léon. Este pequeño pueblo, situado en una de las bahías más bellas del norte de la Bretaña Francesa, tiene la catedral con el campanario más alto de la región. Sus 78 metros hacen que sea visible desde prácticamente cualquier punto de la localidad. Así que cuando llego a las afueras, sólo tengo que levantar la cabeza para saber dónde está el centro del pueblo.

iglesia de sain-pol-de-leon

Visito la plaza central, donde hay cierta actividad turística, y por fin inicio los últimos kilómetros hasta Roscoff. El ruido del mar y la brisa marina me acompañan mientras sigo pedaleando. Sólo tengo que dejarme llevar…

playas del oceano atlantico en la bretaña francesa en bicicleta

El interior de la Bretaña Francesa en bicicleta: Roscoff, la puerta de entrada a la costa bretona

Llego a Roscoff desbordado de emoción. Y la primera impresión de este pueblo pesquero me ofrece la mejor bienvenida a la costa bretona. Las gaviotas entonan la mejor melodía de fondo que hubiera podido imaginar para poner fin a mi recorrido por la Velodyssée. Después de casi 900 kilómetros por esta fantástica ruta. Después de haber sentido la magia del litoral de la costa atlántica y la tranquilidad del Canal de Nantes a Brest, cuando llego a Roscoff me impregna el olor a sal de la costa de la Bretaña Francesa.

puerto de roscoff

Camino por el paseo marítimo del pueblo, mientras el puerto se tiñe del dorado de las últimas luces del día, hasta que me adentro por alguna de las calles céntricas del pueblo. Y no me puedo resistir a entrar a una de las famosas Creperies del centro. Llevaba días pensando en las deliciosas galettes bretonas y hoy es el día ideal para degustar una. Celebro que he llegado a la costa bretona y que el recorrido que me ha llevado hasta allí ha sido fabuloso.

creperie en el centro de roscoff en la bretaña francesa

galette bretona

Y con el estómago lleno, una impresionante puesta de sol me prepara por todo lo que la costa bretona me ofrecerá mientras la recorra al ritmo de mis piernas.

puesta de sol en la bretaña francesa en roscoff

roscoff en el norte de la bretaña francesa en bicicleta

puesta de sol en roscoff sobre su faro

luna en roscoff

playa en la bretaña francesa en bicicleta

(Este post corresponde a la segunda mitad del día 13 y al día 14, 15 y 16 de mi viaje a Francia en bicicleta)

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